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¿Por qué me vibra el volante? Esa es una pregunta bastante frecuente a la que vamos a intentar dar respuesta en Gport Motors revisando las principales causas de las vibraciones y viendo las soluciones, la forma de proceder en cada caso y el precio aproximado de la reparación.

Lo primero que hay que distinguir es si el volante vibra con el coche en movimiento o también lo hace cuando está parado (pero con el motor en marcha). En este artículo nos centraremos en las vibraciones en el volante con el coche en movimiento, por ser las más habituales y tener orígenes más diversos y complicados.

  1. El estado de los neumáticos y su equilibrado

Cuando nos vibra el volante, el origen de esas molestas vibraciones suele estar relacionado con los propios neumáticos.

Si nuestro vehículo equipa neumáticos con desgastes desiguales en el eje delantero o estos tienen algún defecto derivado del paso del tiempo, largos periodos de inactividad, o defectos de fabricación (relativamente frecuente en neumáticos de bajo coste) notaremos desagradables movimientos en nuestro volante. Uno de los problemas que suelen surgir cuando no se usa el coche durante un largo periodo es que los neumáticos se deformen en su banda de rodadura. Este defecto se suele manifestar en vibraciones o movimientos en la dirección a velocidades de entre 5 y 40 km/h.

Para evitar esto, cuando dejes tu auto parado mucho tiempo, debes subir la presión de los neumáticos. Así eliminarás la deformación de estos contra el suelo y no se deformarán de forma permanente. Normalmente es suficiente con 35 PSI, pero puede variar.

El desequilibrado de los neumáticos es otro de los factores frecuentes por los que nos puede vibrar el volante del coche. Si el volante vibra sólo a una velocidad determinada (por ejemplo a 100km/h) o en un determinado rango de velocidades, posiblemente el origen del problema sean unos neumáticos desequilibrados.

La solución es sencilla y económica : equilibrar nuevamente los neumáticos (unos 40 Bs/neumático). Tampoco sería la primera vez que el único motivo de las vibraciones son unos tornillos de llanta mal apretados, cuyo par de apriete debería estar entre 100 y 140 Nm aproximadamente.

  1. Dirección desalineada

Todos los vehículos tienen que respetar unas cotas determinadas por los fabricantes para que el neumático pise el suelo de forma óptima. Si nuestra dirección está desalineada o los elementos de suspensión no están perfectamente ajustados puede darse un desgaste prematuro de los neumáticos, un aumento del consumo, un peor comportamiento dinámico del vehículo y las dichosas vibraciones en el volante.

La solución para este problema pasa por una visita al taller, sí o sí. Son necesarios elementos de precisión e información técnica para poder ajustar convenientemente las cotas de la suspensión y de la dirección. El coste puede rondar entre 80 y 150 Bs, aunque variará en función del precio de la mano de obra, de la complejidad del vehículo y de los ajustes necesarios.

  1. Discos de freno en mal estado

Si el volante vibra cuando frenas, el origen casi siempre está en los frenos. En tal caso lo más probable es que los discos de freno delanteros estén deformados. Al no estar completamente planos transmiten molestas vibraciones al volante y a los pedales y disminuyen enormemente la eficacia de la frenada.

El alabeo de los frenos puede producirse por un uso muy exigente de los mismos, cambios bruscos de temperatura (por ejemplo pasar un gran charco tras una frenada intensa) o por el propio desgaste de discos y pastillas. En este caso la solución pasa por rectificar los discos de freno o sustituirlos por unos nuevos. El precio de esta reparación es muy variable, los precios del rectificado de disco oscilan entre 60 y 120 Bs.

 

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Existen una serie de detalles que debes de considerar para no disminuir el valor de tu auto. La realidad es que las causas abundan, pero aquí te mostramos algunas de las más comunes.

Kilometraje

Esta es una de las razones más comunes de la baja de precio en un vehículo, pues aunque el automotor sea del año-modelo en curso, si tiene mucho recorrido, afectará su valor. El promedio de kilometraje anual recorrido “normal” es de alrededor de 20 mil kilómetros y si la media es superada es seguro que tu vehículo valdrá un poco menos.

Mantenimiento

Hay personas que desconocen el estado mecánico de un vehículo. Tener la certeza de que el mantenimiento fue realizado en tiempo y forma por un taller certificado, con mano de obra capacitada es lo ideal y no hacerlo así son causa de una disminución de valor en el vehículo.

Funcionamiento

Esta es, tal vez, la razón más obvia de pérdida de valor de un automóvil, pues la premisa es sencilla. Si a tu vehículo no le funciona cualquier sistema o elemento es razón para una baja de precio. Las fallas mecánicas, sobre todo de motor, son las que se consideran como graves y factor de depreciación obvio.

 

La oferta y la demanda, el modelo específico del automotor, reputación de la marca y el modelo, equipamiento, modificaciones, estado general del vehículo y otras razones, son causa de depreciación

Es primordial buscar mantener a nuestro automóvil en las condiciones ideales, pensando en el futuro y en un posible escenario de venta. Aunque ya sabes que no recuperarás el dinero que gastaste, puedes disminuir las pérdidas con buenos cuidados generales.

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Éste dato es importante, ya que el compuesto de caucho que se fabrica para automóviles, además de degradarse con el uso, se degrada con el paso del tiempo, perdiendo sus capacidades de flexibilidad y adherencia, aunque éstos no se utilicen.
Los neumáticos tienen una fecha de fabricación, y también un límite de tiempo tras el cual no se garantiza la calidad del material.
A partir de los 5-6 años de la monta se considera que el neumático ya no sirve, y es cuando se dice que el neumático ha caducado.
Aunque el estado físico de los neumáticos sea correcto no se recomienda seguir utilizándolos más allá de los 10 años.

Una cifra muy lejana a la realidad, pero se debería tener en cuenta para aquellos casos donde el vehículo tiene más de 10 años de antigüedad y solamente 10.000 km recorridos.

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Sabiendo el kilometraje real del auto usado, tendremos una idea más precisa sobre el grado de desgaste del motor, sus piezas internas y demás componentes.

Ser muy observador

Por si acaso el odómetro en el tablero no es la única manera para tener una idea de la antigüedad, también algunos otros indicadores son los brillos del volante, el desgaste del asiento, del protector de la palanca de cambios, la tapicería y el de los botones de la consola central. Todos ellos te darán indicios si su recorrido coincide o no con el deterioro de dichos elementos.

Asimismo, la chapa de contacto es otro de los puntos que puedes revisar para asegurarte que el odómetro no fue alterado por el dueño del vehículo. Inserta la llave y si notas una holgura excesiva entre ambos entonces desconfía de la cantidad que te indica el “cuenta kilómetros”. El desgaste de la alfombra y los plásticos laterales de la maletera también son un buen referente para corroborar el kilometraje.

Examinar el odómetro en el tablero

Si es análogo, centrar la atención en la alineación de los números, sobre todo en el primer dígito de la izquierda. Si estos presentan un ligero desnivel, puede ser una clara señal que el odómetro ha sido modificado. Además, buscar si el tablero tiene marcas de haber sido desmontado, ya que en la mayoría de autos para alterar el kilometraje es necesario retirar el tablero.

En caso sea digital, entonces corroborar si el odómetro ha sido manipulado es más difícil y se tendrías que recurrir a la ayuda de un experto. En algunos modelos (en los más modernos), la cantidad de kilómetros recorridos se almacena en la ECU del vehículo, basta con pasar un scanner para saber la cifra real. Si el modelo no tuviera esa opción, lo que puedes hacer es revisar el historial de revisiones y fijarte si concuerdan las cifras.